Diferencia entre el término Educación y Adiestramiento canino

¿Educación o adiestramiento?

tonytitanSi salimos a la calle y realizamos una encuesta para ver si se conoce la diferencia entre educador canino o adiestrador canino nos daremos cuenta que para la gran mayoría de la gente estos conceptos son iguales. No mejora mucho cuando empezamos a buscar información al respecto por internet u otros medios, pues los conceptos se entremezclan y superponen.


Es cierto que en muchos casos prácticos se necesitan ambas disciplinas para solucionar el problema, pero nunca se puede perder de vista el para qué se hace lo que se hace. Trataremos de explicar esto a lo largo de este artículo.
Comencemos desgranando la definición que hace la Real Academia Española sobre ambos conceptos:

  • Adiestrar es “hacer diestro, enseñar, instruir”.
  • Educar queda definido como “desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del individuo por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc. Enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía.”

Para poder ilustrar las diferencias entre ambas pondremos, en primer lugar un ejemplo humano, donde se puedan ver con mayor facilidad, y a continuación lo extrapolamos al mundo canino.

Un niño de 6 años es adiestrado en cálculo mental rápido, es decir, se le entrena para que sea capaz de realizar operaciones mentales de la manera más rápida posible, o se le entrena o enseña a tocar el piano, o a jugar al fútbol con destreza, o en memorizar los ríos del mundo con sus afluentes…

Ese mismo niño de 6 años debe de poder enfrentarse a una sociedad que establece unas reglas de convivencia, debe poder relacionarse con otros niños, adultos… en diferentes situaciones en su vida, ya sea en el colegio, en casa con sus padres, en la calle con desconocidos… En definitiva el niño es educado para poder manejarse en distintas situaciones y ser un ciudadano integrado en el mundo. La educación a la que tratamos de referirnos no es un adoctrinamiento propiamente dicho (religioso, ideológico…), que inhiba al individuo de su capacidad de pensar y de tratar de averiguar qué quiere y necesita en su vida. Sino todo lo contrario, aquella que tiene como consecuencia la formación de personas independientes capaces de subsistir por sí mismas, perteneciendo a un grupo social, como puedan ser su familia, amigos, su ciudad, su país…
Tras el ejemplo humano queda clara la diferencia entre adiestrar y educar. Haciendo el paralelismo con el mundo canino se podría mostrar el caso de un perro de 1 año que es adiestrado en habilidades caninas básicas como sentarse, dar la patita, tumbarse, caminar junto a la persona o en otras más sofisticadas como practicar algún deporte tipo agility, mushing, canicross, dogdancing…

Pero, y es aquí donde puede llegar la sorpresa para muchos, también se le puede educar para saber comportarse bajo las normas que impone la sociedad humana respecto a los animales, es decir, que el perro sepa qué hacer cuando se queda solo en casa, que se puede y que no se puede morder, cómo de fuerte ha de ser la mordida, cómo comportarse al salir de paseo, como saludar a sus congéneres y personas… En definitiva, un ser capaz de relacionarse de modo correcto desde el punto de vista humano y canino (al saber interactuar de forma educada con sus homólogos) y sobre todo, y como en el caso humano, capaz de elegir qué hacer en cada situación que le presenta la vida.

Aunque esto último pueda sonar a humanizar al perro, en realidad nada más lejos de la realidad pues hace tiempo la psicobiología descartó que el animal sea un ente que responda de manera mecánica (como un robot sin capacidad de elección) frente a los distintos estímulos que provienen del exterior. Hoy en día se considera que el resto de
los animales mamíferos, al igual que nosotros, son capaces no solo de elegir una respuesta sino de modular la intensidad de la misma frente a estímulos externos. Es por esto, por lo que podemos plantear el término educación en el resto de los animales en un sentido muy amplio.
Ahora nos preguntamos y esto da paso al siguiente bloque…

¿Para qué elegir un adiestrador o un educador?

Tras definir una y otra acción la respuesta a la pregunta del título casi es evidente. Pero démosle una vuelta más, preguntándonos a nosotros mismos ¿qué es lo que necesita mi perro? ¿Qué es lo que quiero?
Para responder a estas preguntas podríamos reformularlas primero desde el punto de vista del ejemplo humano, ¿qué es lo que quiero que mi niño sea, una máquina en alguna habilidad concreta y nada más? ¿O lo que deseo es que mi niño sea una persona completa capaz de integrarse y desenvolverse en la sociedad que le toque vivir? Supongo que todos estaremos de acuerdo en que querremos, sobre todo que la respuesta a la segunda pregunta sea afirmativa y, por qué no, en ocasiones, y si al niño le gusta sea un virtuoso del piano, por poner un ejemplo.

De la misma manera y volviendo a nuestro paralelismo canino, las preguntas que deberíamos plantearnos en referencia a lo que esperamos del comportamiento de nuestros perros serían:

  • ¿Quiero que mi perro sea capaz de comportarse con corrección con otros perros, que pueda ir por la calle dentro de las normas que establecemos los humanos, es decir, sin tirar de la correa, sin saltar sobre la gente, que pueda estar solo en casa, controlar la mordida cuando juega, conductas higiénicas,…?
  • ¿O tan solo quiero que mi perro sepa sentarse, dar la patita, ir en la posición de junto cual autómata, hacer canicross, agilty…?

Lógicamente para modelar estas conductas necesitamos un educador o un adiestrador canino. Si lo que queremos es realizar algún tipo de actividad en concreto, obediencia, agility, dogdancing, etc para esto buscaremos un adiestrador que sepa instruir en este tipo de actividades. (No quiero decir con esto que la persona que solo desee realizar alguna disciplina deportiva, no desee también que su perro sea un ser integrado en la sociedad, lo que trato de expresar es que dado por supuesto esta última situación también le gustaría que su perro practique algún deporte.)

En el caso de que no nos apetezca o no queramos una instrucción deportiva determinada pero sí una ayuda para conseguir un perro autocontrolado e insertado en una sociedad buscaremos un educador canino.

Ahora bien, y esto nos llevará al siguiente bloque, ¿cómo consigo lo segundo, es decir un perro educado?, y ¿cuándo es el momento de elegir uno u otro?, ¿solo puedo elegir uno u otro, es incompatible?

¿Cuándo elegir educación o adiestramiento?

Parece sencillo responder a la pregunta de este apartado conociendo el para qué sirve uno u otro. Pero en realidad, y desde mi punto de vista, ambas disciplinas pueden llegar a superponerse, sobre todo en el caso de problemas conductuales. En definitiva, todo depende de dónde se ponga el acento. Lo que quiero decir es que si rescatamos los valores que van implícitos en la práctica de un deporte y que por esa razón, principalmente, incitamos a su juego a nuestros niños podemos encontrar que éstos ayudan a superar problemas de conducta. Por ejemplo, practicar deportes puede ayudarnos a superar la timidez, enseñarnos a compartir, a trabajar en equipo, mejorar nuestras capacidades sociales, sentirnos perteneciente a un grupo, generar lazos más fuertes, conocerse mejor, estimulación mental, estimulación física, mejorar la coordinación, etc

Extrapolando, de nuevo estos valores al mundo canino, podremos ayudar a nuestros perros a superar algunos de sus problemas conductuales a través de la práctica de algún deporte o habilidad, siempre poniendo el objetivo en la recuperación de alguno de estos valores. Como podría ser establecer un mejor vínculo o restablecerlo si se ha deteriorado en algún momento, con el responsable del animal, conocer mejor al perro, proporcionar una estimulación mental y/o física,…

Por tanto, la elección sobre educación o adiestramiento debiera ser motivada por el objetivo que se quiere obtener.
Pongamos un ejemplo, esta vez ya solo canino, para ilustrar lo que se trata de explicar. Expongamos el caso de una perrita de 10 meses que había sido adoptada hacía dos, y que su responsable estaba absolutamente desesperada por la hiperactividad de ésta. La perrita ocasionaba destrozos por toda la casa tanto en su presencia como en su ausencia, estos destrozos pasaban desde agujeros en el sofá, colchones, macetas hasta abrir cajones y esparcir/romper todo lo que en ellos se encontraba, etc.

Esta situación como podemos imaginar es bastante frustrante y pone a prueba la paciencia de cualquier ser humano. Ella se puso en contacto con su veterinaria que la remitió a un educador canino. Tras una conversación con la responsable de la perra y observar al animal, parecía claro que la perra estaba muy aburrida, a pesar de jugar con todos los objetos de la casa durante todo el día. Así que le sugirió hacer alguna actividad deportiva que les permitiera a ambas pasar tiempo juntas (restablecer su relación desde otro prisma) y, donde la perrita pudiera ser capaz de tener un tiempo no sólo para la estimulación física sino también, y sobre todo, para la mental. Se decidieron a practicar ese tipo de deporte, poniendo el acento en las necesidades del animal que le han llevado a practicar esa actividad y no en la consecución de unos objetivos deportivos (hablaremos del estrés canino en otro artículo más adelante). En tan sólo una sesión y la consecución de algunas pautas a su responsable para practicar ciertos ejercicios en los días intermedios al entrenamiento, la responsable de la perra estaba impresionada por el cambio que había notado en el animal, pues había un cese muy importante en su hiperactividad, y eso redundaba en hacer menos o nulos destrozos en la casa.

Este ejemplo pone de manifiesto que nada es absoluto, es decir que cuando hablamos de seres vivos las posibilidades son tan diversas como lo somos nosotros. Podemos recurrir a un educador canino para tratar un problema conductual y terminar realizando algún tipo de adiestramiento como parte de la terapia, pero siempre sabiendo el para qué se hace ese entrenamiento y sin perder nunca de vista que ese adiestramiento no es más que una herramienta de la educación, de la terapia.

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